La historia y el saber aymara para la revitalización de la identidad desde un currículo escolar propio en la región Puno – Perú

Dice una aymara, Vicenta Mamani, al ritmo de un cuento, y como debe ser, que: “Una vez, un campesino que vivía en las montañas, encontró un pichón de cóndor y lo llevó a su casa donde lo hizo crecer junto a las gallinas. Éste comía, caminaba y se comportaba como gallina, todo como gallina. Un día su...

Full description

Main Author: Mark Mamani, Henry
Format: Tesis
Language: Español
Published: 2011
Subjects:
Online Access: http://repositorio.uraccan.edu.ni/467/
http://repositorio.uraccan.edu.ni/467/1/TESIS%20HENRY%20TMDI.pdf
Summary: Dice una aymara, Vicenta Mamani, al ritmo de un cuento, y como debe ser, que: “Una vez, un campesino que vivía en las montañas, encontró un pichón de cóndor y lo llevó a su casa donde lo hizo crecer junto a las gallinas. Éste comía, caminaba y se comportaba como gallina, todo como gallina. Un día su compadre le dijo al campesino: éste pichón no es gallina sino, cóndor. El hombre lo alzó y lo llevó a la montaña, lo echó a volar y el pichón no podía hacerlo fácilmente, pero al final emprendió el vuelo”. Con ello la autora refiere que “así somos los pueblos originarios, nos han hecho creer que somos gallinas por eso andamos y actuamos como gallinas. Sólo si nos vemos como “cóndores podremos emprender el vuelo en las altas montañas y buscar nuevos horizontes”. En ese marco, la tesis pretende que el pueblo aymara, antes de extender las alas y alzar vuelo hacia su Pachakutik, se nutra de su sabiduría (filosofía, religión, matemática, literatura, etc.) para tomar conciencia de “quien es”, de su identidad y ejercerla. Este trabajo es un paso en el camino de reivindicar al pueblo, “un botón para muestra” de la sabiduría aymara, pues por su magnitud y dinamismo no puede ser plasmada y resumida en una tesis como esta. Respecto de la autoría, reconociendo que el saber al ser colectiva no tiene dueño individual, así que demás está aclarar que tiene miles de autores: los aymaras. Sólo cuando el pueblo aymara haya logrado su meta, la reivindicación de sus derechos, habrá motivo para llorar, derramar la primera lágrima, pero de alegría. Ya hemos llorado demasiado a causa de la tristeza que nos causó Europa.