Esquema de perfilado psicológico de homicidas de niños en Costa Rica

La persona es particularmente un ser social. A través de la relación que establece con los otros individuos satisface la mayoría de sus necesidades, deseos y aprende diversas formas de comportamiento. La manera en que se desenvuelve en sociedad está determinada por las estructuras sociales del ambie...

Descripción completa

Autores Principales: Barrantes Díaz, Laura, Castellón Avilés, Tatiana
Formato: Otro
Idioma: Español
Publicado: 2014
Materias:
Acceso en línea: http://repositorio.uned.ac.cr/reuned/handle/120809/1287
Sumario: La persona es particularmente un ser social. A través de la relación que establece con los otros individuos satisface la mayoría de sus necesidades, deseos y aprende diversas formas de comportamiento. La manera en que se desenvuelve en sociedad está determinada por las estructuras sociales del ambiente en que vive, las cuales forman modelos de conducta para cada miembro de la sociedad, esto se lleva a cabo por medio del aprendizaje (Jiménez, 2006). La interacción de las personas con el ambiente que los rodea se encuentra mediatizada por las varias posiciones que ocupan en los diversos grupos, categorías y tareas sociales. De esta forma, el proceso de socialización comienza y se perpetúa en los distintos grupos sociales a los cuales están adscritos cada uno de los miembros de la sociedad: la familia, las organizaciones sociales y religiosas, la escuela, el grupo de pares (Jiménez, 2006). En ese proceso de socialización pueden aparecer conflictos de distinta naturaleza entre los miembros de un conglomerado social. Aunque la violencia entre los seres humanos no es un tema que se caracterice por su novedad, en tanto su presencia data desde la existencia misma de las personas sobre la faz de la tierra, lo que sí es cierto es la permanencia a lo largo de la historia de grupos que, a menudo, son los más golpeados por el fenómeno de la violencia. Entre ellos se encuentran las mujeres, las personas con discapacidad, los adultos mayores y los niños, víctimas recurrentes de una sociedad que, en ocasiones, ha permanecido impávida ante la arremetida que la violencia significa para estos grupos.